Estamos en el fondo de una góndola olvidada, al lado de una pomada para los zapatos que nadie lleva, y de hectolitros de lavandina querubín, con fragancias de la concha de tu hermana. Al reloj lo del reloj. Y nuestra fecha de vencimiento es mañana. Fue ayer. Es el año que viene. Da igual.
sábado, 18 de mayo de 2013
Paraíso Fiscal
La próxima vez que firme un recreo de necesidad y urgencia, en la reglamentación voy a poner que sea sábado, y en algún paraíso fiscal, tipo Uruguay, la calle Florida, o el barrio de Belgrano.
martes, 14 de mayo de 2013
Decreto de Necesidad y Urgencia
Quiero mi peceto de necesidad y urgencia, de los que valen ochenta pesos. Con eso voy a hacer unos sánguches para vender en Retiro, y así pagar los primeros tres meses de streaming. Voy a poner una radio on line, y dos minutos después, voy a evadir todos los impuestos del mundo mundial. No pago más ABL, soy propietario de un multimedios. Tengo un blog y una radio on line, y que la sigan mamando.
¿El preámbulo del final?
Comparto con ustedes una nota que escribió Enrique Gil Ibarra, y que leí en su cuenta de Facebook. Enrique, algo conoce sobre el peronismo, y no está sumergido en esto que llaman "el microclima". Queda abierta la discusión (?).
"La interna ha comenzado
A mi juicio, Cristina está cometiendo lo que parece ser uno de los más graves errores de su carrera política. En su afán de convencer “a como dé lugar” a los que no necesitan ser convencidos, Cristina se está restando a sí misma buena parte del poder de consenso real que tenía acumulado, aunque aún no sea conciente de ello.
Como los peronistas de años sabemos, en nuestro movimiento los juegos de poder son permanentes y feroces. Así como la (aparente) subordinación al mejor jugador en cada coyuntura es casi siempre generalizada, las agendas de los dirigentes peronistas quedan, en cada una de esas “sumisiones”, virtualmente repletas de cuentas a cobrar, en la seguridad de que, tarde o temprano, las facturas podrán ser emitidas con los intereses correspondientes.
Kirchner, descubrimiento y luego pesadilla de Eduardo Duhalde, supo luego de ganar su período presidencial que existía una única manera de concentrar el poder y su liderazgo sobre la dirigencia y la base peronista: establecer nuevas reglas del juego, sacudiéndose el pesado manto del decenio menemista y augurando para el país una transformación total, que nos colocara, no sólo a nivel económico, sino en el horizonte político, en un nuevo rumbo. Sobre ese rumbo basó, inteligentemente, la totalidad de su discurso estratégico de los cuatro años de gobierno, a tal punto que logró encolumnar detrás de ese proyecto a la mayoría absoluta del movimiento y el partido Justicialista, a un importante sector de la dirigencia intermedia y de las bases “progresistas” (sigo sin saber qué es eso) de la Unión Cívica Radical, de la izquierda moderada y del socialismo democrático. Impuso también la candidatura de su esposa, con el -primero incomprensible y ahora perfectamente manifiesto- objetivo de reservarse la estructuración del Partido Justicialista, en una especie de “renacimiento” para el que recibió el apoyo no sólo de las bases, sino de todos los dirigentes provinciales con peso propio, que fueron revalidados por el pueblo en las elecciones de finales del 2007.
Pero la cadena de éxitos obliga –dentro de nuestro movimiento- a más éxitos. Porque es absurdo pretender que un liderazgo individual se sustente en el tiempo si no reúne al menos una de dos condiciones:
a) Una organización y movilización constante y creciente del pueblo con el consiguiente desarrollo del movimiento nacional y popular, o
b) Una fidelización permanente de los cuadros dirigenciales con poder propio, lo que implica –desde luego- compartir el poder.
Las iniciativas concretadas por el “kirchnerismo” en el primer sentido fueron escasas y débiles, a pesar de la insistencia de sus cuadros medios, que gozando de la experiencia proporcionada por una larga militancia real, supieron organizar estructuras masivas pero no lograron influir en la línea general de un gobierno al que solicitaron reiteradamente medidas que ambos Kirchner consideraron alejadas de lo posible.
Néstor Kirchner basó en ese entonces su construcción de poder en una “concertación” que, si bien rindió excelentes frutos electorales, extendió a buena parte de la dirigencia peronista con poder propio (adquirido en años de derrotas y amargo deglutir de sapos) muchas de esas facturas que se atesoran pacientemente, esperando el día del vencimiento.
Pero ahora Cristina Kirchner parece haber olvidado que, en el peronismo, las alianzas y concertaciones son temporales y que, a pesar de las exhortaciones del viejo General, cuando el discurso público se sumerge en lo íntimo de la política, sigue siendo realidad que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.
Un dirigente bonaerense que conocí hace tiempo, asombrado porque otro caudillo de la provincia de Buenos Aires –ofendido con él- le negó el saludo en un acto, me dijo: “¿Ves Enrique? Este hombre no entiende nada de política, y mucho menos de peronismo”.
En la rueda de la política peronista argentina, el dirigente puede construir poder individual sólo si, generosamente, lo comparte con los que lo han llevado a donde está. La acumulación de heridos sonrientes y aprobadores es generalmente el preámbulo del final.
La interna ha comenzado, aunque Cristina aún no lo sepa."
A mi juicio, Cristina está cometiendo lo que parece ser uno de los más graves errores de su carrera política. En su afán de convencer “a como dé lugar” a los que no necesitan ser convencidos, Cristina se está restando a sí misma buena parte del poder de consenso real que tenía acumulado, aunque aún no sea conciente de ello.
Como los peronistas de años sabemos, en nuestro movimiento los juegos de poder son permanentes y feroces. Así como la (aparente) subordinación al mejor jugador en cada coyuntura es casi siempre generalizada, las agendas de los dirigentes peronistas quedan, en cada una de esas “sumisiones”, virtualmente repletas de cuentas a cobrar, en la seguridad de que, tarde o temprano, las facturas podrán ser emitidas con los intereses correspondientes.
Kirchner, descubrimiento y luego pesadilla de Eduardo Duhalde, supo luego de ganar su período presidencial que existía una única manera de concentrar el poder y su liderazgo sobre la dirigencia y la base peronista: establecer nuevas reglas del juego, sacudiéndose el pesado manto del decenio menemista y augurando para el país una transformación total, que nos colocara, no sólo a nivel económico, sino en el horizonte político, en un nuevo rumbo. Sobre ese rumbo basó, inteligentemente, la totalidad de su discurso estratégico de los cuatro años de gobierno, a tal punto que logró encolumnar detrás de ese proyecto a la mayoría absoluta del movimiento y el partido Justicialista, a un importante sector de la dirigencia intermedia y de las bases “progresistas” (sigo sin saber qué es eso) de la Unión Cívica Radical, de la izquierda moderada y del socialismo democrático. Impuso también la candidatura de su esposa, con el -primero incomprensible y ahora perfectamente manifiesto- objetivo de reservarse la estructuración del Partido Justicialista, en una especie de “renacimiento” para el que recibió el apoyo no sólo de las bases, sino de todos los dirigentes provinciales con peso propio, que fueron revalidados por el pueblo en las elecciones de finales del 2007.
Pero la cadena de éxitos obliga –dentro de nuestro movimiento- a más éxitos. Porque es absurdo pretender que un liderazgo individual se sustente en el tiempo si no reúne al menos una de dos condiciones:
a) Una organización y movilización constante y creciente del pueblo con el consiguiente desarrollo del movimiento nacional y popular, o
b) Una fidelización permanente de los cuadros dirigenciales con poder propio, lo que implica –desde luego- compartir el poder.
Las iniciativas concretadas por el “kirchnerismo” en el primer sentido fueron escasas y débiles, a pesar de la insistencia de sus cuadros medios, que gozando de la experiencia proporcionada por una larga militancia real, supieron organizar estructuras masivas pero no lograron influir en la línea general de un gobierno al que solicitaron reiteradamente medidas que ambos Kirchner consideraron alejadas de lo posible.
Néstor Kirchner basó en ese entonces su construcción de poder en una “concertación” que, si bien rindió excelentes frutos electorales, extendió a buena parte de la dirigencia peronista con poder propio (adquirido en años de derrotas y amargo deglutir de sapos) muchas de esas facturas que se atesoran pacientemente, esperando el día del vencimiento.
Pero ahora Cristina Kirchner parece haber olvidado que, en el peronismo, las alianzas y concertaciones son temporales y que, a pesar de las exhortaciones del viejo General, cuando el discurso público se sumerge en lo íntimo de la política, sigue siendo realidad que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.
Un dirigente bonaerense que conocí hace tiempo, asombrado porque otro caudillo de la provincia de Buenos Aires –ofendido con él- le negó el saludo en un acto, me dijo: “¿Ves Enrique? Este hombre no entiende nada de política, y mucho menos de peronismo”.
En la rueda de la política peronista argentina, el dirigente puede construir poder individual sólo si, generosamente, lo comparte con los que lo han llevado a donde está. La acumulación de heridos sonrientes y aprobadores es generalmente el preámbulo del final.
La interna ha comenzado, aunque Cristina aún no lo sepa."
miércoles, 1 de mayo de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
La militancia K, una #InvestigaciónParaLanata
miércoles, 10 de abril de 2013
Objetos mojados - 1
La Plata. Paramos con Juan Martín en 18 y 48. Él fue a ver a Chicha, que es como su abuela o algo así. Yo aproveché el momento para recorrer el barrio y tomar unas fotografías.
El agua ya había pasado. La ciudad estaba como para grabar un videoclip de El Mató a un Policía Motorizado. Canciones sobre el fin de todo.
Pero eso expresa el cemento húmedo, la mugre arrumbada sobre las veredas, el pavimento lleno de barro, los autos copulando lejos de sus propietarios.
Con las puertas y ventanas abiertas, estaban los hombres y las mujeres sudando para recuperar sus casas. Baldeando la mierda que el agua trajo desde lugares remotos.
Me encontré con todo eso que ustedes ya vieron, y con Nicolás Carvalo, que estaba con Gime baldeando la casa. Lo primero que vi fue la pecera. Ahí estaban vivos, los 33. Hubiera llovido más y recuperaban la libertad.
En la caminata me reencontré con Juan Martín. Me estaba buscando para pedirme algo. "Tenemos para rato, vení a ayudarme".
La casa de Chicha Mariani estaba como si hubiera pasado, otra vez, un huracán. No había nada seco, ni limpio, ni en pie. A excepción de Roberto Lisky, que estaba ordenando ahí, en medio del barro.
Nos arremangamos y nos pusimos a ordenar un poco la cocina, para que Chicha pueda venir y sentarse a inspeccionar el trabajo. Su temor era que le tiráramos alguno de los millones de papeles y recuerdos que ella atesora con método y dedicación. Cada retazo de papel mojado representa un poco de ese tramo mutilado de su vida.
Ahí estaba Chicha, un poco más tarde, reconstruyéndose.
Con el paso de las horas y los días, otras personas llegaron a reconstruir la casa de Chicha. El viernes vi que había gente que observaba y soleaba papel por papel, hoja por hoja, cada día de trabajo y militancia de Chicha. Ella estaba vital, otra vez.
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