lunes, 30 de agosto de 2010

Spinetteamos


El sábado visitamos La Plata, pero esta vez no fue para fisgonear al movidero Pata Medina, ni poguear en la asunción de Hugo Moyano. La convocatoria fue algo más refinada pero no desprovista de una cierta liturgia ni exenta de lo mejorsito que tenemos por estas latitudes:

Luis Alberto Spinetta visitó el teatro Coliseo Podesta y nos dejó a todos suspendidos. Casi dos horas en una búsqueda exitosa de la belleza más delicada; después completó el show con el volumen fuerte, distorsión, blues y rock duro duro, a la vieja usanza.


Los dejo con esta joya, también llamada Alma de Diamante:



viernes, 27 de agosto de 2010

El Papel del "Centro-Izquierda"


En la página web del Instrumento Electoral Por la Unidad Popular (Pocasíntesis presidente) señalan que el Diputado Macaluse Respalda la investigación presentada sobre Papel Prensa, y sostiene que "tenemos expectativas, no sólo sobre el origen y la venta sino sobre lo que se hizo después y cómo influyó eso en la libertad de prensa". Algo distinto dijo Pino Solanas, o al menos eso indica el diario Clarín, como pueden ver más abajo.

Ayer leímos al Anarko discutiendo con Humberto Tumini, que trabaja duro, muy duro para unificar la voluntad popoular de la centroizquierda, y la verdad que en el tema Papel Prensa la oposición va a tener que redoblar esfuerzos: hasta aquí la unidad es dudosa, y los fines indefinidos. Pero ojo, el Gobierno debe buscar la victoria, y para eso hay que convencer. Con la tropa propia no alcanza...

martes, 24 de agosto de 2010

Todo por unos papeles



"Controlar el papel es controlar la información", dice la editorial conjunta publicada por Clarín y La Nación hoy. Y precisamente ese es el problema, nunca tan certeros! Eso y que habría que aclarar algunos aspectos sobre el traspaso de unas acciones... minucias nomás...

domingo, 22 de agosto de 2010

Una Masacre en Trelew

Cada aniversario de la Masacre de Trelew uno está mas viejo y cuenta con más necrológicas, más y más aniversarios de más y más muertes crímenes y masacres. Apuesto a que desde 1972 no hay un sólo año que no tenga una fecha marcada en rojo por el terrorismo de estado, la represión policial y la violencia política en términos generales. Desde entonces (y antes también) los gobiernos utilizaron las herramientas represivas del Estado con frecuencia para llevar adelante ciertas políticas. En ese sentido, la Masacre de Trelew resulta una marca de trascendencia en la historia argentina en la forma en la que operarían los aparatos represivos.

Una voluntad política distinta debe estar empapada de modos distintos de hacerla realidad, y para eso, es necesario construir una referencia, un otro para reconocerse. También de eso se trata la construcción de la memoria.

“El único que puede hacer parar una pija en la literatura soy yo”


“Fogwill, el mito, empezó a ser Fogwill con una ecuación casi imposible que le sirvió de pedestal para erguir su propia y controversial figura literaria.
En números, es así: 6 + 12 = 1. Ahora, los sustantivos cuantificados: seis, los días que pasaron entre el 11 y el 17 de junio de 1982. Doce, los gramos de cocaína que Fogwill se tomó durante esos días. Uno, el libro que le salió. Una obra maestra, la primera de varias que lo tuvieron como autor. Los Pichiciegos le puso de título.”
A propósito de la Muerte de Fogwill, leemos una buena nota de Gabriela Cabezón Cámara publicada en Clarín.

Aquí la nota completa:

Fogwill: Murió el último maldito de la literatura argentina
Se murió Fogwill. Hay oraciones que ojalá nunca hubiese que escribir. Por ejemplo, que se murió Fogwill. Pero fue así, ayer a las 17 apróximadamente, en el Hospital Italiano, lo mató un enfisema pulmonar. Se murió Fogwill y, con él, una de las fuerzas más originales y ricas de la literatura argentina de los últimos treinta años. Sus restos serán velados hoy en la Biblioteca Nacional, a partir de las 15.

La fundación mítica


Fogwill, el mito, empezó a ser Fogwill con una ecuación casi imposible que le sirvió de pedestal para erguir su propia y controversial figura literaria.
En números, es así: 6 + 12 = 1. Ahora, los sustantivos cuantificados: seis, los días que pasaron entre el 11 y el 17 de junio de 1982. Doce, los gramos de cocaína que Fogwill se tomó durante esos días. Uno, el libro que le salió. Una obra maestra, la primera de varias que lo tuvieron como autor. Los Pichiciegos le puso de título. La cosa fue así, contó él, a cualquiera que se lo preguntó desde 1983: su mamá vivía en el mismo edificio. Bajó a visitarla, la señora miraba televisión y le dijo: “¡Nene, hundimos un barco!”. Y él se encerró y escribió los primeros tres días y corrigió los siguientes y al séptimo podemos suponer que descansó. Se trata de la guerra de Malvinas Los Pichiciegos. La guerra en su materialidad más concreta, la nieve que congela, el barro que se pega al cuerpo, la comida y los cigarrillos que faltan, los límites perdidos entre un bando y el otro en una transa constante de esas cosas indispensables y la deserción: lo único que deja en pie esta guerra son las ganas de sobrevivir un poco más y lo único importante son cosas como ésta:
“Ni los ingleses ni los malvineros, ni los marinos ni los de aeronáutica: ni los del comando, ni los de policía militar tienen un miserable frasquito de polvo químico, tan necesario. No hay polvo químico, nadie tiene.

Con polvo químico y piso de tierra, caga uno, cagan dos, cagan tres, cuatro o cinco y la mierda se seca, no suelta olor, se apelotona y se comprime y al día siguiente se la puede sacar con las manos, sin asco, como si fuera piedra, o cagada de pájaros.”

Así, con una ecuación casi imposible, con una obra maestra, imaginando una tribu de soldados desertores unidos sólo por la necesidad, imaginando esas necesidades en lo más concreto, Fogwill empezó el mito de Fogwill, que tiene atributos varios. Uno de ellos, el de la profecía. Contaba que él escribió la derrota antes de que se anunciara. Contaba que en otro texto auguró el retorno de la democracia al mando de los radicales. Y que apostó plata por Alfonsín cuando todos creían que serían el peronismo y Lúder los ganadores.
Pero antes de que Fogwill fuera Fogwill así, a secas, fue Rodolfo Enrique. Nació en 1941 en Bernal, hijo único y el genio de la familia: a los cuatro leía, a los 16 ingresó en Medicina, de ahí se fue a Filosofía y Letras y de ahí a Sociología, de donde salió a los 23 con el diploma abajo del brazo. Desde ese momento hasta finales de los ‘70, se dedicó a hacer dinero en publicidad. Hizo mucho, contaba. Inventó eslóganes que son tan parte de la cultura nacional como “el sabor del encuentro”.

En 1980 cambió de vida. Tenía 39 años, acababa de publicar su primer libro de poemas, El efecto de la realidad, y ganó un concurso de cuentos de Coca-Cola. Ahí se decidió a ser escritor. Y a ayudar a otros que lo fueran. Fundó una editorial propia, Tierra Baldía, editó a poetas importantes y fundamentales como Osvaldo Lamborghini y Néstor Perlongher, que serían centrales para la literatura argentina que se empezó a escribir diez años después. Un gesto extraño. Es raro que un escritor se dedique a publicar a otros que son mejores que él. Y, en 1980, Perlongher y Lamborghini eran mucho más poetas que Fogwill. Ese es otro de los atributos del mito Fogwill: el de la generosidad con sus colegas. Atributo del que gozaron no sólo Perlongher y Lamborghini, sino muchos otros, como Fabián Casas, Martín Rodríguez, Martín Gambarotta, Sergio Raimondi, Hebe Uhart, Diego Meret y María Medrano, entre muchos otros a los que Fogwill no dudó en apoyar de diversos modos. Como mínimo, elogiándolos públicamente.

Entonces: Fogwill niño prodigio, publicista genial, rico, generoso, editor, cocainómano, Fogwill escribiendo durante la misma guerra la mejor novela sobre la guerra de Malvinas que se haya escrito hasta ahora. Faltan dos Fogwill: el provocador y el presidiario. Porque estuvo preso, acusado de estafa y esa es otra pata de su mito. Fue, también, en 1980: contaba Fogwill que la Secretaría de Información Pública estaba convencida de que sus publicidades televisivas tenían mensajes en contra de la familia y a favor del ERP –del que por entonces no quedaba nada–. Le cerraron las cuentas bancarias y lo procesaron por subversión económica. Con las cuentas cerradas y preso, Fogwill no pudo, claro, pagar sus deudas: entonces terminaron condenándolo por defraudación. Es decir por no pagar sus deudas.

El provocador se peleó con mucha gente: con las Madres de Plaza de Mayo, con Ricardo Piglia, con las campañas a favor del aborto, con Beatriz Sarlo, con el divorcio (él, que se separó muchas veces), con los propulsores del matrimonio gay (el matrimonio es “la institución más mierda que produjo la sociedad contemporánea”, argumentó), con Alan Pauls, con la legalización de la droga (que no se privó de consumir).

Hubo Fogwill polémico, pensando la literatura y empujando a los escritores jóvenes. Hubo Fogwill escribiendo de la mejor. Ojalá siguiera habiendo Fogwill.

Fogwill Básico

Novelista, poeta, cuentista y columnista, 1941-2010. Escribió más de 20 libros, entre ellos: “Mis muertos punk”, (1980), “La buena nueva” (1990), “Una pálida historia de amor” (1991), “Muchacha punk (1992)”, Vivir Afuera (1998), “La experiencia sensible (2001), “En otro orden de cosas” (2002) y “Runa” (2003). Sus “Cuentos Completos” se publicaron el año pasado en Alfaguara.

Moyano "traidor" y el acto del próximo martes


Hasta aquí todo indica que este martes Hugo Moyano asumirá la presidencia del PJ bonaerense en un acto que se realizará en La Plata. Lo que a este servidor llama la atención son los carteles que vistieron el centro platense. Como se ve en la imagen, la agrupación "Juan Pablo Pata Medina" convoca para ese mismo día a una juntada en la sede platense de la UOCRA. Se sabe, El Pata conduce la UOCRA local y no se lleva del todo bien con los camioneros, con los que no siempre resuelve sus diferencias a través del diálogo franco y republicano típico del corazón duhaldista.

Por los antecedentes, il postino sugiere estar atentos a esto, no vaya a ser que el martes...

jueves, 19 de agosto de 2010

Ahora pino quiere modificar la ley de glaciares



Me dicen que en su paso por una casa de altos estudios donde brindó una charla, Pino Solanas habría pedido modificar la ley de glaciares, recientemente aprobada en Diputados. Según Pino, hay que agregar un artículo que declare a Elisa Carrió como una “zona periglaciar”, ya que estaría reteniendo mucho líquido bajo su extensa superficie. (Arriba: un video imperdible que testimonia lo dicho).

lunes, 16 de agosto de 2010

Ready to start

Segundo tema en la lista de The Suburbs. El último disco de Arcade Fire se presentó el jueves en New York. Lamentamos que no tonquen en Nuestra Señora Santa María de la Asunción, en Quilmes, Fray Bentos o en La Plata; pero saludamos a juan carlos youtube y al canal de la banda en ese sitio:

Periodismo deshistorizante


El compañero Lagorio nos envía este post para compartir aquí:

Hoy, leyendo un escrito de Jesús Martín Barbero (Los Oficios del Comunicador), además de deleitarme con una extensa y muy clara descripción de lo que implica el quehacer periodístico dentro del mapa comunicacional actual, encontré una frase que creo podría ser parte constitutiva de una posible hipótesis general que permita explicar la tan arraigada tendencia hacia la desmemoria política –aunque podría ser también histórica, cultural, social, etc.- en ciertos sectores de la sociedad. Barbero explica: “los medios están contribuyendo a un debilitamiento del pasado, de la conciencia histórica, pues su modo de referirse a la historia es casi siempre descontextualizándola, reduciendo el pasado a una cita, y a una cita que no es más que un adorno para colorear el presente…”.
¿Por qué remarcar esta frase? En primer lugar, lo primero que emerge a la superficie es la ya tan evidente influencia socio-cultural que ejercen los medios de comunicación sobre la sociedad; claro que no en términos de dominación, pero sí afirmando que los medios de comunicación, como diría Gramsci, son junto con la Iglesia y la Escuela, los principales mecanismos de producción, difusión y legitimación de ciertos discursos hegemónicos que “empapan” el quehacer social cotidiano. En el caso particular de la Argentina, el fenómeno de la híper instantaneidad informativa planteada en el primer párrafo cala profundamente sobre los sectores apolíticos de la sociedad, es decir, el ciudadano común (como si los demás no lo fuesen también) que no manifiesta interés efectivo por la política, o bien, que labura 12, 14 o 16 horas diarias y no tiene el tiempo suficientemente como para pegar un vistazo a lo que ocurre en el ámbito de la discusión política nacional. Más aún, los hay quienes, aturdidos por la noticia monopólica y ante la falta de tiempo reflexivo (tengamos en cuenta que también el ocio ha sido por demás monopolizado), terminan por consumir de modo liviano, aunque con gran elocuencia, el discurso hegemónico esgrimido por los principales actores del poder económico-político.
En este sentido, la sobreabundancia de información, el monopolio de la palabra y la descontextualización de la información, es decir, la exposición de noticias de alto contenido político que no presenten una lógica introductoria, junto con su desarrollo y conclusión – si es que debe de concluirse – terminan por tergiversar las noticias y, de este modo, sea intencional o no, deslegitiman la actividad periodística. Esto explica, en simples términos, cómo es que aún gozan de cierta legitimidad política personajes que en su momento descontaron jubilaciones y se opusieron a las leyes de Movilidad Jubilatoria y la estatización de los fondos previsionales (AFJP) y ahora, habiéndose aumentado las jubilaciones en casi un 600% desde el 2003, ponen el grito en el cielo por el 82% móvil y apelan a la hipersensibilidad social en un tema tan particular como lo es la protección social de nuestros abuelos y abuelas. Estos mismos caraduras (porque no encuentro otro adjetivo calificativo más descriptivo que éste) ahora aducen que a “este gobierno no le interesan los jubilados, que realmente no les importa si se cagan de hambre y tienen que vivir con miserables jubilaciones, tras una vida de esfuerzo y dedicación”. Se olvidan que, además de lo mencionado, antes del 2003 la cantidad de personas mayores con cobertura social era de sólo el 50%, mientras que hoy el porcentaje se eleva al 88% de los ciudadanos en edad de jubilarse.
En la vereda de enfrente y producto de la necesidad político-comunicacional, han surgido los programas de televisión 678, TVR y Duro de Domar versión 2010; que lo que intentan hacer básicamente es romper con este tipo de lógicas periodísticas y por eso la habitual recurrencia al archivo. Por supuesto que comparten ciertos vicios del periodismo tradicional y que a veces parece que padecieran cierta tentación por forzar los informes, pero se rescata justamente esto de intentar recobrar el sentido histórico de la noticia y forjar una visión un tanto más amarrada a los procesos y no simplemente al mero acontecimiento. Por último, hay otra cuestión a remarcar en este intento por romper con el nuevo tradicionalismo periodístico o, al menos, de ejercer batalla al discurso mediático. Tras las derrota legislativa por la “125”, el Kirchnerismo supo detectar el error en términos comunicacionales y es evidente que en adelante aplicó ciertos mecanismos (amén de La ley de Medios) para que esto no vuelva a suceder. Efectivamente, a lo que me refiero es a las exposiciones de los distintos funcionarios oficiales que en reiteradas ocasiones salieron a responder, sea a través de la Cadena Nacional o no, las distintas acusaciones de la oposición y a defender proyectos oficiales de alto impacto público para evitar que la información sea trastocada de modo arbitrario.
En suma, lo que se ha hablado hasta aquí es de una tendencia muy arraigada hoy día dentro del periodismo en la que se tiende a generar un efecto de descontextualización de la noticia, vicio que impacta profundo dentro de los sectores de la sociedad apolítica y algunos sectores “progresistas” que suelen apropiarse de los argumentos clarinescos al momento de efectuar una crítica en contra del gobierno nacional. Al fin de cuentas, lo que se está destruyendo es la memoria informativa, es decir, la construcción póstuma de la noticia y con ello se procede a una segunda instancia donde los tiempos se acortan y el pasado ya no es parte constitutiva de nuestras sociedades, sino simplemente eso, algo accesorio, chiquito e impoluto que por desgracia y cuestiones de las Ciencias Sociales, es parte de nuestra –paradójicamente- historia.