sábado, 10 de julio de 2010

Nuevas voces, viejas disfonías


La democrática ley de Servicios de Comunicación Audiovisual pondrá a todos los actores del sector en un nuevo escenario, generará nuevos desafíos, actores que supieron interpretar papeles de reparto ahora tendrán mayor exposición, instituciones estatales y organizaciones de la sociedad civil que antes eran espectadores estarán a ambos lados del mostrador. Con todo, es difícil imaginar que grupos que han mantenido procedimientos y motivacoines estancas durante toda su existencia, cambien a una forma de ejercer la comunicación más democrática, menos discriminatoria y con intereses que excedan la ambición lucrativa.

Frente a nosotros se vislumbra un futuro plagado de nuevos desafíos. Las instituciones y organizaciones que recién se incorporan al mundo de la comunicación y aquellos que tenían roles secundarios, deberán aprender rápidamente a generar contenidos comunicativos amplios que puedan competir con la atractiva programación del sector privado más concentrado.

Para los novatos, el desafío es doble, porque además de generar contenidos atractivos, tenemos que demostrar que hay otras historias para contar, y otras formas de contarlas, más honestas, menos vanidosas, desde otra óptica, pero igual de atractivas para el público en general, y no para una ya cautiva, selecta y minoritaria audiencia.

En ese sentido la dirigencia política tendrá un rol destacado, porque si orientan su voluntad a que los actores emergentes se autolimiten a la propaganda y la autosatisfacción mediática la aplicación de la ley de medios será un fracaso, y al público le importará poco si otro gobierno da pasos atrás con la ley de la democracia y desaparecen los canales de los sindicatos, las radios comunitarias y los medios estatales.

Por el contrario, las organizaciones de la sociedad civil y los funcionarios estatales que pretendan impulsar nuevos medios y contenidos en el amplio espectro que dejará disponible la nueva ley y la era digital, deberán incorporar comunicadores técnicamente sólidos que cuenten con conducciones políticas que sepan adecuarse a las lógicas de la comunicación, pero a lógicas que aún hoy son desconocidas, porque sin dudas “la comunicación” y sus lógicas deben adecuarse a los valores que una sociedad democrática debe transmitir por sus medios.

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