viernes, 4 de mayo de 2012

Política Vs Corporaciones


La amplia aprobación del proyecto oficial sobre la expropiación de YPF y la declaración de interés público del recurso petrolero, amplía el glosario de aciertos kirchneristas, y también las fronteras de lo que está en capacidad de hacer la democracia argentina.
 
En sus nueve años en el gobierno, el kirchnerismo no sólo tomó iniciativas que transformaron la realidad de muchos argentinos y revirtieron situaciones que parecían inmutables, sino que además, en su contorno complejo, a veces opaco, otras veces brillante, y cuando no sinuoso, devuelve una imagen diferente acerca de lo que es posible hacer en la Argentina.
 
Hubo un país en el que cualquiera podía hablar largamente en televisión sobre la estatización de YPF, el no pago de la deuda externa o (ya no en televisión) de una ley de medios de la democracia, básicamente porque eran cosas que sonaban bonito, pero que nadie con poder suficiente se atrevería a llevar adelante. Como esas canciones rebeldes que los cantantes interpretan en los casinos.
 
A nueve años de Gobierno kirchnerista, es posible afirmar que hay que cuidar mejor las palabras, porque en ese período de tiempo la democracia argentina tomó una potencia desconocida: ya no hay garúes de la city, ni magnates de los medios, ni estancieros, ni organismos multilaterales de crédito que clausuren toda discusión antes de que sea dada. Lo dicho, no significa que las causas justas no encuentren obstáculos, o que los actores mencionados no califiquen; pero lo cierto es que el poder corporativo guarda una relación diferente, tanto con el poder político como con la ciudadanía en general.
 
El mayor obstáculo que encuentra una comunidad para desarrollarse íntegra y equilibradamente, quizás sea el interés particular. El interés individual de una sociedad “darwinizada” clausura el interés general. De allí que los pueblos construyan instituciones superiores y entreguen a ellas (al Estado) el poder de las armas. Sin embargo, el mundo de hoy cuenta con potentes representantes de intereses privados, que colonizaron a los Estados y los superaron en recursos y capacidades. Las grandes multinacionales y algunos organismos multilaterales expresan esa situación.
 
Desde el 25 de mayo de 2003, el kirchnerismo no ha hecho más que empoderar al Estado para que los habitantes sean cada vez más ciudadanos. La argentina de hoy, cuenta con una ciudadanía activa, potente y democrática, que cada día teme menos a las transformaciones, y exige a sus políticos que las lleven adelante.
 
Alcanza con observar los conflictos que están desatados en el mundo para entender la relevancia que tiene cualquier decisión vinculada a los hidrocarburos. Esa situación, debe ser ponderada a la hora de analizar la iniciativa encarada por Cristina Fernández de Kirchner. Ni “la caja” o el cuidado de “la imagen” justifican una decisión de semejante envergadura y riesgo: vale decir: la decisión de la Presidenta no es propia de aquellos políticos que se inclinan a (por) la comodidad o la simple permanencia en un cargo determinado. Algo de eso indicó el jefe de la bancada del FPV-PJ Agustín Rossi en su discurso en la Cámara de Diputados: citó a Scalabrini Ortiz y dijo: “Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre.”
 
La ciudadanía argentina, o al menos una parte significativa, no parece dispuesta podrirse, a ver cómo la mitad de sus integrantes se eternizan en situaciones de carencia y sometimientos. Argentina, tiene una ciudadanía activa y dispuesta a tomar algunos riesgos que permitan transformar la realidad.
 
Este escenario tiene algunos orígenes inhallables y otros identificables: entre los últimos, se encuentra el kirchnerismo.

Lo publicamos en Prensa3m

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