sábado, 25 de mayo de 2013

25 de Mayo: "Una ceremonia con vallado de seguridad y aporte de militantes"

El título entrecomillado es del 26 de mayo de 2001 y salió publicado en el diario Clarín. La crónica, ilustra la inanidad del equipo gobernante de entonces.

Así era la épica republicana, allá por el 2001



"De la Rúa recorrió sin sobresaltos el camino entre la Casa Rosada y la Catedral
  • Se lo vio muy protegido después de una semana difícil por la alta conflictividad social

    PABLO CALV
    Un dispositivo a prueba de abucheos permitió al presidente Fernando de la Rúa recorrer tranquilo la distancia que separa la Casa Rosada de la Catedral, bastón en mano, banda al pecho y escarapela esmaltada fija.

    Un doble vallado verde, inusual para un festejo patrio, alejaron a De la Rúa de la gente unos 25 metros. Entre el Presidente y los ciudadanos, además, fueron ubicadas formaciones y bandas militares, cuyas marchasanulaban el volumen de cualquier aplauso o griterío.

    La Plaza de Mayo fue sembrada de policías, uniformados y sobre todo de civil, que vigilaron los movimientos de los pocos vecinos que se acercaron en forma espontánea a presenciar la parada militar que reemplazó al desfile.

    El celo en el operativo fue decidido por la tensión social de este mes, que incluyó un corte de ruta en La Matanza durante 17 días, piquetes y marchas por toda la Capital y un acto de la Armada en Mar del Plata donde el presidente fue insultado.

    La presencia de militantes radicales en la Plaza de Mayo reforzaron ayer las precauciones.

    Bien temprano, el jefe del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, izó la bandera principal tocando un botón, para sorpresa de los escolares que lo rodeaban.

    En un banco, dos jubilados escuchaban por radio Continental el Himno Nacional cantado por Jairo. Es la versión que usó la Alianza en la campaña presidencial, en un aviso donde Chacho Alvarez cerraba su puño derecho y decía "fuerza, fuerza", mientras De la Rúa prometía "cortarle la cabeza a la corrupción".

    Casi pintoresco, porque arrastraba de la correa a un perrito marrón mientras seguía el paso presidencial, un señor de barba candado gritó: "Mentiroso, no sabés gobernar". Lo taparon los aplausos.

    El otro toque aislado de disconformismo lo dieron cuatro adolescentes de Floresta, que colgaron al pie de la Pirámide de Mayo una sábana que decía: "Basta de hipocresía. No a la corrupción", y se preguntaba: "¿Y el desfile?".

    Una vez que De la Rúa y sus ministros entraron a la Catedral, los portones de madera se cerraron y la gente siguió el tedéum por los altavoces.

    Mientras el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, criticaba a los políticos que "utilizan el poder en su provecho", los granaderos daban una vuelta por la plaza, para tranquilizar a sus caballos. Había también cascos azules, cadetes de las escuelas militares, gendarmes y efectivos de las tres Fuerzas Armadas.

    Justo al mediodía, bajo el solcito otoñal, De la Rúa salió sonriente, pese a la dura homilía que había escuchado. Recibió un facón plateado de la agrupación tradicionalista Fortín Quilmes y una carta de 14 familias que buscan a sus chicos perdidos.

    Se metió en un auto oficial y desapareció de la escena, protegido por una decena de custodios de traje y con intercomunicadores en la oreja similares a los que utiliza el servicio secreto norteamericano.

    A la mañana, como la costumbre histórica lo indica, De la Rúa tomó una taza de chocolate en Olivos, junto a su esposa, Inés Pertiné, personal de la residencia y colaboradores. En un aparte, les confesó a los periodistas supreocupación por la situación del país.

    Después se arrimó a saludar a unos vecinos por la puerta de la calle Villate y marchó para la Casa de Gobierno, donde lo esperaban saludos protocolares.

    De allí, a la Plaza, donde podía pasar de todo, pero nada pasó. Le habían preparado un traje impermeable a los abucheos."
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