sábado, 25 de mayo de 2013

Qué pasa, que pasa, qué pasa General, que está lleno de ateos el Gobierno Clerical!!!


El 26 de mayo de 2001, Página 12 se abrazó a las declaraciones del entonces cardenal Bergoglio, para dar cuenta de la soledad de De La Rúa. " el cardenal de Buenos Aires fustigó a quienes “exigen
sacrificios incalculables, escondidos en sus burbujas de abundancia, mientras
evaden su responsabilidad social”, dice la cabeza de la nota de Washington Uranga.

DURISIMA CRITICA DE BERGOGLIO A LA DIRIGENCIA POLITICA
“País dañado por los privilegios”
En el Te Deum, el cardenal de Buenos Aires fustigó a quienes “exigen
sacrificios incalculables, escondidos en sus burbujas de abundancia, mientras
evaden su responsabilidad social”. Otras voces de la Iglesia.

"Usando el púlpito de la catedral metropolitana con motivo del Te Deum (ceremonia de acción de gracias) celebrado ayer con ocasión del 25 de Mayo y frente al presidente Fernando de la Rúa, los ministros, autoridades políticas, militares e integrantes del cuerpo diplomático, el cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, hizo una durísima crítica a la dirigencia política, reiterando y por momentos endureciendo el tono de las advertencias en el mismo sentido ya consignadas en el documento que el Episcopado había difundido el 12 de mayo tras la asamblea plenaria. Ahora Bergoglio dijo que el país “está dañado por los privilegios, por los que utilizan el poder en su provecho a cuenta de la legitimidad representativa”, por quienes “exigen sacrificios incalculables, escondidos en sus burbujas de abundancia, mientras evaden su responsabilidad social y lavan las riquezas que el esfuerzo de todos produce”. A las admoniciones del cardenal porteño se sumaron también las de los obispos Héctor Aguer (La Plata) y Jorge Novak (Quilmes), dos prelados que suelen diferir en mucho en cuanto a sus posturas eclesiásticas y teológicas (ver aparte). 
Ante la mayoría de los miembros del gabinete nacional, incluido el ministro de Economía, Domingo Cavallo, el arzobispo porteño sostuvo que “las reglas de juego de la realidad global de estos tiempos son un cáliz amargo, pero esto debe redoblar la entrega y el esfuerzo ético de una dirigencia que no tiene derecho a exigir más de los de abajo si el sacrificio no baja desde arriba”. Para el cardenal, quien acaba de llegar del Vaticano, donde participó de una reunión general de cardenales (consistorio) convocada por el Papa, “el poder es servicio y sólo tiene sentido si está al servicio del bien común”. 

Casi como contrapartida de la crítica a la dirigencia, Bergoglio destacó el esfuerzo de un pueblo que “rechaza la desesperanza y se rebela contra aquellas mediocridades” y que, según su interpretación, con esta actitud “quiere decirle que no a la anomia, no al sinsentido y a la superficialidad fraudesca (cuando no farandulera) que alienta el consumismo”. Según el arzobispo católico, el pueblo con su esfuerzo también les dice que no “a quienes necesitan un pueblo pesimista y agobiado de malas noticias para obtener beneficios de su dolor”.


Bergoglio aprovechó la ocasión para insistir también en el valor que él personalmente, pero también la gran mayoría de los obispos católicos, le dan actualmente a la labor que vienen realizando las organizaciones intermedias de la sociedad y los grupos de voluntariado social. En este sentido dijo que “nuestro pueblo bebe diariamente el cáliz del servicio de millones de personas que silenciosamente ponen el cuerpo al trabajo o a la búsqueda del mismo y no a la especulación, en el servicio de los que sostienen la convivencia y la solidaridad callada y no los absurdos fantasmas de xenofobia, propias de minorías ideológicas agitadoras de conflictos, en el servicio de los que sufriendo la globalización de la pobreza no han dejado de igualarse en la solidaridad de las organizaciones comunitarias y manifestaciones culturales, espontáneas y creativas”.


En otro momento de su homilía, el cardenal Bergoglio propuso a su auditorio mayoritariamente compuesto por dirigentes políticos y funcionarios realizar una “revolución basada en el nuevo vínculo social del servicio”. Les recordó también a los dirigentes que el pueblo les está exigiendo “que no se cansen de servir” para hacer realidad ese nuevo vínculo social, dado que las recetas ya probadas “hasta el hartazgo” en el pasado han demostrado que se desgasta la convivencia con “el abuso opresor de algún sector sobre otro, los internismos que dan la espalda a los grandes problemas, las equívocas lealtades y los enfrentamientos sectoriales e ideológicos más o menos violentos”. Recordó además que “una sociedad auténticamente humana, y por tanto también política, no lo será desde el minimalismo que afirma convivir para sobrevivir ni tampoco desde un mero consenso de intereses diversos con fines economicistas”.


Para el arzobispo de Buenos Aires, el camino es “el trabajo solidario en el servicio” que se constituye en “la respuesta más genuina a la incertidumbre de un país lleno de potencialidades que no se realizan o se postergan una y otra vez, indefinidamente, deteniendo su derrotero de grandeza”. Bergoglio utilizó una descripción para definir al pueblo. “Cada docente y maestro que sobrevive a la adversidad, cada productor que sigue apostando al trabajo, cada joven que estudia y brinda su compromiso formando una familia nueva, en los más pobres y en los que trabajan fatigosamente buscan trabajo: ese es nuestro pueblo”, dijo. Pero pese al cuadro de situación trazado el cardenal destacó la entrega y el servicio esperanzador de los argentinos que, apoyado en “la gran reserva cultural y moral” que tiene el pueblo, que “sufriendo la globalización de la pobreza no ha dejado de igualarse en la solidaridad de organizaciones comunitarias y manifestaciones culturales, espontáneas y creativas” y que haciendo uso de una serenidad “solidaria, creativa y esperanzadora” aleja “la violencia institucionalizada y es el antídoto contra la violencia desorganizada o promovida”.


Frente a un auditorio plural, integrado por creyentes y no creyentes, entre quienes se encontraba también el jefe de Gobierno de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, Bergoglio no dejó de advertir que “las palabras del Evangelio no van dirigidas sólo al creyente o al practicante” sino que “alcanzan a toda autoridad tanto eclesial como política, ya que sacan a la luz el verdadero sentido del poder”.
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